Aba
Gayle
"El Fiscal me aseguró que
ejecutar el hombre responsable del asesinato de mi
hija Catherine me ayudaría a sanar. Y así creía
yo por muchos años. Pero ahora entiendo que
el asesinato de alguien por parte del gobierno no sanará mi
dolor. Le ruego al gobierno que no asesine en mi nombre
y, aun más importante para mí, que no
manche la memoria de mi hija con otra muerte sin sentido".
Catherine
Blount, la hija de 19 años
de Aba Gayle, fue asesinada en el otoño de 1980.
Douglas Mickey fue declarado culpable de este asesinato
y condenado a muerte. Actualmente espera su ejecución
en California. Durante 8 años después
de la muerte de Catherine, Aba Gayle vivió consumida
por un deseo de venganza.
Luego, Aba Gayle
comenzó una
búsqueda espiritual de cuatro años, y
encontró diversos libros y maestros que le ayudaron
a aprender acerca del perdón. Doce años
después de la muerte de Catherine, Aba Gayle
le escribió una carta al Sr. Mickey en la cual
le decía que lo perdonaba. En el momento en
que envió esa carta sintió un alivio
instantáneo. Así fue que Gayle se dio
cuenta que no necesitaba presenciar el asesinato de
otra persona para que ella pudiera sanar. Descubrió que
el amor, la compasión y el perdón son
la clave para sanar.
En la actualidad,
Aba Gayle tiene contacto con el Sr. Mickey y lo considera
su amigo. Gayle viaja por todo el país y por Europa enseñando
el inmenso poder sanador del perdón. Ella y
toda su familia se oponen a la pena de muerte por cualquier
circunstancia.
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Azim
Khamisa
"Tomé una decisión
importante respeto al asesinato de mi hijo: mi enemigo
no era Tony (el asesino), sino las fuerzas que pusieron
a ese jovencito en una calle oscura con una pistola
en la mano. Actualmente, Tony me escribe desde la prisión
y yo uso sus cartas en mis programas. Nos damos cuenta
que sus cartas tienen un efecto positivo sobre otros
chicos. Imaginen a cuántos chicos podrían
salvar. El efecto que tienen sus cartas genera mucha
más sanación que si lo hubieran condenado
a muerte".
Tony Hicks, miembro
de una pandilla, tenía 14 años de edad cuando disparó a
Tariq, un joven universitario e hijo de Azim Khamisa.
Tony fue el primer menor de edad en ser juzgado como
adulto en California. Recibió una condena de
25 años a cadena perpetua. Después del
asesinato de su hijo, Azim reconoce que hubo "víctimas
en ambos extremos de la pistola".
Azim buscó a Ples Felix, el
abuelo de Tony, como un acto de perdón. Desde
su primer encuentro, los dos hombres han trabajado
para romper la epidemia de la violencia juvenil a través
de sus programas que enseñan a jóvenes
que existen alternativas a la violencia. Tony les ha
ayudado a transmitir este mensaje a través de
sus cartas y mensajes que envía desde la prisión.
Azim reconoce el efecto que tiene el mensaje de Tony,
y sabe que el mensaje se habría perdido si Tony
hubiera sido condenado a una ejecución ordenada
por el gobierno.
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Nick
y Amanda Wilcox
"En vez de centrarnos en el agresor,
tenemos que preguntarnos qué dice la pena de
muerte acerca de nosotros como sociedad. Nuestro país
no puede permitirse la pena de muerte — el costo
es demasiado alto, a nivel moral y financiero. Para
nosotros, ejecutar al asesino de Laura por un acto
que cometió al estar delirante por una enfermedad
grave, sencillamente está mal. Nuestras prisiones
están ahora llenas de enfermos mentales, y en
muchos casos la única manera que alguien puede
recibir la atención médica adecuada es
cometiendo un delito. Los recursos financieros que
se gastan ahora para llevar a cabo las penas de muerte
se emplearían mejor si se dirigieran al tratamiento
de quienes tienen enfermedades mentales graves, con
lo cual prevendrían actos de violencia a futuro".
Amanda
y Nick Wilcox perdieron a Laura, su hija de 19 años,
cuando un paciente enfermo mental abrió fuego
en la clínica de salud
de la conducta donde trabajaba Laura mientras durante
sus vacaciones de invierno de la universidad. Durante
toda su vida, Laura se había comprometido con
la justicia social, la no violencia y la igualdad.
Ella y su familia siempre se habían opuesto
a la pena de muerte. Después de la muerte de
Laura, Amanda y Nick se apoyaron en estos valores y
nunca cuestionaron sus creencias de tanto tiempo en
contra de la pena de muerte.
De hecho, la experiencia
de perder a su hija les sirvió para fortalecer
sus convicciones, porque se dieron cuenta de que los
años consumidos
en juicios, apelaciones y una ejecución anticipada
serían un obstáculo para su sanación.
Desde la pérdida de Laura, han testificado ante
el Senado de California a favor de una moratoria en
la pena de muerte, y han luchado para mejorar la atención
de salud mental en California. Como resultado de sus
esfuerzos, han ayudado a aprobar dos proyectos de ley,
uno que permite que el tratamiento de salud mental
para pacientes externos sea ordenado por la corte y
otro para incrementar el financiamiento para los servicios
de salud mental.
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Derrel
Myers
JoJo White, el
hijo de Derrel Myers, era conocido por su activismo.
Era consejero para jóvenes
en riesgo en la escuela Martin Luther King Middle School.
JoJo se oponía a la pena de muerte.
JoJo White
murió cuando un extraño
enfurecido le disparó y lo mató. Nunca
se encontró al asesino de JoJo. No obstante,
Derrel Meyers y Naomi White, los padres de JoJo, creen
que la sociedad es en parte responsable por inculcar
el enojo y el odio en el hombre que mató a su
hijo. Ellos no creen que llevar a la muerte al asesino
de JoJo les ayudaría a superar la muerte de
su hijo o llenaría el vacío que han sentido
desde la muerte de JoJo.
Derrel Myers
y Naomi White han celebrado la vida de JoJo continuando
con la propagación
de los mensajes que eran tan importantes para su hijo:
mensajes de justicia y de no violencia. Derrel Myers
ha denunciado la pena de muerte ante la legislatura
estatal de California, en la Conferencia del Norte
de California de ACLU Youth, en la Convención
Nacional 2006 sobre la campaña para poner fin
a la pena de muerte, y en muchas vigilias en contra
de las ejecuciones en la prisión San Quentin.
"La pena de muerte no sólo
es una cuestión individual de crimen y castigo;
está vinculada a un problema social a mayor
escala de racismo, desigualdad y pobreza. Si realmente
fuéramos una sociedad justa, que respetara a
todos los niños en toda su enorme diversidad,
que ofreciera realmente oportunidades, libertad y justicia
para todos, nuestro hijo JoJo estaría aquí viviendo
una vida prometedora, generosa y con amor. Al igual
que el joven que lo asesinó".
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Judy
Kerr
El 12 de julio
de 2003, encontraron a mi hermano Robert James Kerr
en Everett, Washington sin vida, sin camisa, descalzo
y sin identificación.
Pasaron semanas antes de que los investigadores pudieran
identificarlo. Todo ese tiempo lo dediqué a
preocuparme cada vez más hasta que finalmente
estuve alarmada porque no llegó a una visita
programada y las llamadas a su teléfono celular
fueron respondidas por un extraño.
A Bob lo golpearon
salvajemente y lo estrangularon. Después de su asesinato, usaron
sus cuentas bancarias durante semanas. La noche del
crimen, Bob había dado su número PIN
y otros datos personales. El informe del médico
forense confirmó las circunstancias tan horribles
en las que presuntamente se obtuvo la información.
Los
días y semanas posteriores
al asesinato de mi hermano estuve paralizada por el
trauma. Ansiaba tener información sobre quién
lo había matado. Quería que esta persona,
este criminal, fuera llevado ante la justicia. Quería
poder decirle a mi hija que la sociedad encontraría
una manera justa de responder a este acto despiadado.
Cuatro
años después,
sigo esperando el nombre de un sospechoso y que la
justicia tome su curso. Para mí ha sido atroz
sufrir el dolor y pesadumbre de la muerte violenta
de mi hermano. Pero la posibilidad de una pena de muerte
para el asesino es una carga adicional y un giro cruel
que se agrega a mi sensación de sufrir un trato
injusto.
Nunca he apoyado
la pena de muerte, y nunca lo haré. Ahora más que nunca
sé que el asesinato está mal. La venganza
no me hará recuperar a mi hermano y no me dará la
paz. Rindo homenaje a la vida de mi hermano y a su
memoria con mi postura contra la práctica de
impartir justicia a través de las ejecuciones.
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